No resulta una novedad decir que existe una suerte de fatiga y hasta de censura por parte de la sociedad hacia la política y “los políticos”.
Es triste reconocerlo, pero la política democrática cotiza hoy en baja, y por eso recibe actualmente de los ciudadanos una acogida que combina el desinterés con el rechazo. Lejos de recibir la adhesión popular que le correspondería a un sistema político que por definición (“democracia”), implica nada más y nada menos que “el poder del pueblo”, por el contrario, en la actualidad, provoca su disgusto. Esta sensación de lejanía entre el pueblo y “los políticos” es un lugar común cuando se habla de los problemas actuales de los sistemas democráticos.
Desde otro lugar, asociar “política” con “corrupción” se ha convertido en un tópico de uso general. “Quien entra en la política solo lo hace para enriquecerse y para repartir favores en provecho de sus familiares y amigos” se suele escuchar dentro de la opinión pública, que entiende que la honradez en la política es una rara excepción, cuando en realidad debería ser la regla. Lamentablemente, no suelen faltar los personajes y episodios que abonan esta apreciación. Pero por otro lado, paradójicamente, la gran mayoría de la gente rechaza los discursos “antisistema”, que considerablemente dañan la democracia que a los argentinos hace 40 años tanto nos costó recuperar.
Precisamente por ello, y por aquella reacción tan hostil de parte de la sociedad hacia la política partidaria y “los políticos”, como asimismo por el contraste - cada vez más pronunciado - que existe entre los problemas que interesan verdaderamente a la sociedad y los temas de discusión de los partidos políticos, es que empezó a consolidarse el vecinalismo como una tercera posición conciliadora entre los dirigentes políticos tradicionales -que responden principalmente y ante todo a sus estructuras partidarias- y los habitantes de la comunidad municipal.
El vecinalismo va más allá de las ideologías; simboliza una forma de pensar la política desde una concepción local, supone una idea de administración, gestión y cercanía con el vecino, pero también con el territorio que se defiende. Como la mayoría de los vecinalismos, PRIMERO MERLO aparece como un espacio totalmente democrático, transversal ideológicamente, de permanente diálogo y debate, donde confluimos personas con distintos pensamientos, pero con una clara coincidencia y un objetivo indiscutible: el progreso de la Villa de Merlo y el consecuente bienestar de sus habitantes.
Quienes integramos PRIMERO MERLO somos vecinos comprometidos, responsables e involucrados con la realidad que hoy atravesamos y, en consecuencia, pretendemos incursionar en la política como actores de lo que podríamos definir como un “federalismo pleno”, esto es, como representantes del territorio merlino y de las características de nuestra comunidad. Asumimos el desafío y la misión de reunirnos para trabajar con todos los vecinos y abrir espacios de debate, generando oportunidades para que toda nueva propuesta sea escuchada en ámbitos de decisión y acción pública mucho más plurales que los actuales. Alentamos el diálogo genuino con la gente que vive en este hermoso lugar y su efectiva participación para ayudarnos, entre todos, en la búsqueda y la obtención de las soluciones que se necesitan para cada problemática en particular.
PRIMERO MERLO, como expresión vecinalista, ha llegado para resignificar la política, ha venido para “renovar” su espíritu de proximidad. ¿Y por qué decimos “renovar”? Porque así fue como en su momento fue creciendo la Villa de Merlo, junto con los vecinos más reconocidos y respetados poniéndose al frente de sus pares, y construyendo en conjunto, entre todos, una comunidad próspera donde antes tan solo existía un pequeño caserío. Jamás olvidemos que el municipio es la primera organización política donde se asienta el hombre y está integrado por una comunidad de personas situadas en un mismo ámbito territorial.
Por eso, los invitamos a que retomemos la senda de las organizaciones vecinales para el ejercicio de la administración municipal, y que, como pobladores de una misma ciudad, NOS HAGAMOS VALER.
Dicho esto, ahora sí, podemos preguntarnos entonces…¿por qué Primero Merlo?
Sintéticamente, la respuesta es:
Porque no tenemos compromisos políticos con nadie.
Porque tenemos un equipo técnico de renombre en cada área.
Porque no arrastramos vicios característicos de la actividad partidaria ni de los políticos “de profesión”.
Porque identificamos las nuevas problemáticas de la ciudad.
Porque tenemos propuestas superadoras, ¡Y TAMBIEN ESCUCHAMOS LAS TUYAS!
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