No resulta una novedad decir que existe una suerte de fatiga y hasta de censura por parte de la sociedad hacia la política y “los políticos”. Es triste reconocerlo, pero la política democrática cotiza hoy en baja, y por eso recibe actualmente de los ciudadanos una acogida que combina el desinterés con el rechazo. Lejos de recibir la adhesión popular que le correspondería a un sistema político que por definición (“democracia”), implica nada más y nada menos que “el poder del pueblo”, por el contrario, en la actualidad, provoca su disgusto. Esta sensación de lejanía entre el pueblo y “los políticos” es un lugar común cuando se habla de los problemas actuales de los sistemas democráticos. Desde otro lugar, asociar “política” con “corrupción” se ha convertido en un tópico de uso general. “Quien entra en la política solo lo hace para enriquecerse y para repartir favores en provecho de sus familiares y amigos” se suele escuchar dentro de la opinión pública, que entiende que la honradez ...